El calor hervía la sangre.
El tacto fingía ser terciopelo.Pero al amanecer, la roca salió a nuestro encuentro.
La cordura se marchó con aquel beso.
Los instintos afloraron bajo mi falda de seda.
Y tu miedo inexorable volvió a romper mi deseo.
No hubo adiós tras la tragedia. Pero es que no hubo catarsis.
La función no fue completa. La faena acabó en sangre.
Pero el toro salió ileso. Quien sufrió fue el principiante.
Risas de alcohol y de eros que adornaron el paisaje.
Confusión en el momento y el sentimiento de traje.
Vacíos en mi memoria. En la noche sin jambajes,
no recuerdo bien las horas. Sé que sucumbí al chantaje.
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