jueves, 11 de octubre de 2012

Confusión


Es ese no dirigir el rumbo,
cómo el rumor de la corriente me asusta y alienta.
La sorpresa está en mi naturaleza
Pero en noches como esta me siento vulnerable,
el universo se me vuelve demasiado grande.
Es como un todo que me devora y yo no soy nada.
Es el abismo. El vacío.
Es ese ruido que estalla y ensordece nuestro mirar.
Es una habitación oscura, una cama extraña de un hotel,
unas sábanas ajenas, un pañuelo de seda sin satén.
Es el miedo en todas sus formas: ser capaz de adentrarte en la tormenta sin que nada te importe porque no sabes qué es lo que verdaderamente importa.
Es el miedo en todas sus formas: la sensación de no querer salir de ese refugio que es nuestra habitación cuando la ciudad aún duerme y todavía no has subido las persianas.
Ausencia de miedo. Miedo incluso de ti.
La marea está subiendo en la ciudad de Madrid.
Es octubre y la gente camina en pantalón corto.
Todo ha cambiado. Todo va a cambiar.
Y me pierdo buscando a la gente porque ya no me encuentro ni yo.
A tientas,
dando bandazos,
con una brújula sin norte
y un pasado por arder.
El gas de los coches ha ocultado las estrellas,
las farolas son bombillas fundidas en el pérfido anochecer.
Y ahora me toca caminar a ciegas. Sola.
Tengo mucho frío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario