La desvirtuación del Carpe Diem es vuestra condena.
Es nuestra condena.
Conocer a base de impresiones.
Juzgar a base de apariencias.
Rendir culto a lo efímero,
a las sobredosis y al placer sin consecuencias.
El hedonismo consumirá el alma.
Ya no habrá mito del carro alado.
Se destruirá el mundo de las ideas
Nos alimentaremos de sombras.
Se acabaron los tiempos de espera, los preliminares y las cenas con entrantes.
Es la era del hic et nunc.
Ya no hay preludio en la escena, ni prólogo en la novela.
La realidad ya superó a la ficción.
Nos creímos ser Dioses de Atenas
y no conocíamos ni el Partenón.
La veleidad es nuestra bandera.
Y la lealtad se quedó en el cajón.
Los valores son palabras vacías,
el tiempo los dejó en el pasado.
Quizás los pusimos nosotros ahí.
Probar experiencias. Rozar el éxtasis.
Comas etílicos. Sexo sin control.
Los sentimientos a un lado.
La conciencia en estado de shock.
Limpiarse el culo con los versos de Shakespeare,
que el iPad te diga hasta cuando hay que cagar.
Los incendios se propagan,
los árboles se talan,
el otoño no llueve,
el río se queda sin caudal.
Pervirtamos la lógica tecnológica.
Evitemos las Hiroshimas que aún quedan por estallar.
No invoquemos los tsunamis, ni encedamos Fukushimas.
Cambiémos los lexatines, valerianas y prozac,
por el papel de los libros que aún tienen tanto que contar.
Saludemos al progreso y fundámonos con él,
pero no hasta el último beso
que el de Judas puede ser.
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