con fanáticas rutinas.
Callar el ruido externo
con el paso de los días.
Pero tengo la mala costumbre
de no romper las hojas del calendario.
Tengo la mala costumbre de retener melodías.
Malas costumbres que intoxican mi alegría.
Detesto las transiciones, son mi peor enemiga.
La paciencia sí es virtud divina.
Y la mortalidad conmigo nacería.
Es ese futuro incierto que acecha mi fantasía.
Atosiga mis silencios.
Atrapa mis energías.
Yo soy más fuerte que todo.
Mi voz es llama encendida
Mi garganta sabe a fuego
Mi sangre a sal con heridas
Y mi canción jamás se rinde
aunque se vicie en los acordes
de viejas historias marchitas.
Me proyecto en las letras
que lloran ilusiones perdidas
con la infame esperanza
de que algún día fueran mías.
Infatigable consuelo
que ciega la despedida
Se afana, se ufana, se encierra
que aún no ha acabado la partida.
Masticar el aire,
¡qué amargo sería!
Peor es ahogarse bajo el agua,
peor es quedarse sin poesía.
¡Larga muerte a la apatía!
Estirpar el tiempo al presente o despertar al mediodía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario