Que me brota la nostalgia,
echo de menos la magia,
ser la Musa en tu galaxia,
beber de tu pensamiento.
La noche invita al reposo
al silencio y a la Luna
y la espesura del cielo
grita por su soledad.
Un día subió a lo más alto
se codeó con las estrellas
le hacía sombra hasta al Sol.
Pero cuando yo la miro
siempre la encuentro muy sola.
Entre tanta oscuridad es valiente y todavía brilla.
Pero solo por momentos.
La debilidad aflora.
La pobre Luna no llora, pero se va apagando sola.
Todos los días sufre por ver al Sol que se marcha.
Querría bajar a la Tierra para disfrutar de él.
Ha aprendido que la libertad le estorba.
Que la noche la congela, necesita del calor.
Y no la importaría quemarse, consumirse con el fuego
pues prefiere morir ardiendo que de frío en la oscuridad.
La Luna es valiente, la Luna no llora
y siempre obediente vuelve a renacer.
Solo pide un deseo antes de morir: arder.
Luna nueva.
