miércoles, 21 de marzo de 2012

A contraluz

La calidez de su rostro acariciaba su mirada.
Los cuellos de aquellos cuerpos se retorcían en un eco de perfección.
Era el caos. La revolución.
Dinamismo y armonía al fin se proyectaban en una misma sombra.
La respiración se aceleraba.
El corazón bombeaba la sangre con más oxígeno que nunca porque la intensidad de aquella
ilusión era tan fuerte  que rebasaba los límites de la mortalidad.
No eran humanos, no.
Al menos no en aquella postal de formas eufónicas.
La simetría se rompía con la perpendicular de su mirada.
Sus bocas convergían en el mismo punto.
Y el epicentro de aquel terremoto solo ellos lo sabían.
Pues solo ellos eran capaces de hacer temblar la tierra en la más tranquila de las estaciónes.

El papel más difícil que nunca podré interpretar.

Siempre he querido ser actriz.
Para meterme en la piel de otras personas.

Para vivir las vidas que no me pertenecen.

Para hacer justicia a la palabra empatía.
Ahora me he vuelto más egoísta. Lo reconozco.

Ahora quiero meterme en tu piel para averiguar qué es lo que sientes.

Quiero besar con tu boca para descubrir…
No sé si bueno o si malo.

No sé si mentira, si engaño,
si traición o desconcierto.

No sé.

Pero no me importa.

Quiero que mi piel se tiña de la tuya.

Y lo quiero cuanto antes.

No vuelvas que no quiero que te marches.

Vuelve, invierno, que ahora me he quedado fría.

Vuelve, invierno, convierte mi rostro en hielo.

No quiero mostrar mis miedos. Quiero volver a ser estatua.

Gélida. Fría. Inmutable.

Vuelve, invierno, que contigo mi corazón estaba caliente.
Ya es primavera pero yo ahora veo cada día el cielo más oscuro.
Más añil incertidumbre y menos celeste pasional.
Será que la primavera tenía que traer lluvia para que en verano sea capaz de respirar.
Solo espero aguantar sin ahogarme.
Solo espero volver a tiritar de frío,

 y que venga el invierno para que el corazón me queme la sangre.

Año bisiesto

El gotelé de las paredes

envidiaba nuestra mirada.
Nuestra y no nuestras
porque habíamos aprendido
 a mirar con los mismos ojos.
El ascensor se estremecía
y chirriaba al subir al sexto
Traducía el sentimiento
del miedo a la despedida.
Primero fueron dos besos,
insípidos, nimios, artificiales.
De mentira.
Como las cocinitas que te regalan tus padres con 5 años,
como las gafas de imitación de un verano con tontería.
Después llegaron tres años

de farsa y licor de guindas
y son sabor a probabilidad.
Ahora,
ahora necesitamos cuatro
años de gloria, pasión y ternura.

Para reír de felicidad otro 29

de febrero y oír cómo el ascensor de mi casa
sigue odiando las despedidas.


viernes, 2 de marzo de 2012

Letras por completar

Huecos.
Espacios.
Hipótesis.
Condicionales y deseos.
Ilusiones.
Trampantojos.
Antojos.
De momento todo es posible.
Los pies se empiezan a levantar del suelo,
los cuerpos empiezan a levitar,
el prisma de la mirada proyecta retazos de realidades creadas.
Los suspiros dibujan fantasías en el aire contaminado de Madrid.
El clima está seco porque este invierno no llovió a penas.
La primavera será dura para los alérgicos.
Dejará gargantas secas y la faringe irritada
pero lo saliva de otros labios
calmará esa sensación.
Puede.
Quizás.
Quién sabe.
Quedan 19 días de invierno y puede acaecer el diluvio universal.
Entonces, ¿por si acaso meto el paraguas en la mochila?




19 días para la primavera

El mes de invierno en pantalón corto

pasó.

Ahora la bufanda vuelve a arropar su cuello
para tapar los delirios de un mágico mes de sensaciones.

La duda sigue habitando en su cabeza.

No lo puede remediar,

es escéptica por naturaleza.
Pero también le gusta soñar cuando se marcha a la cama

en ese ratito antes de conciliar el sueño

cuando fantasea con hermosas probabilidades
que en subjuntivo podrían ser ciertas.

En realidad, le gusta volver a ponerse bufanda y jersey de cuello alto
y protegerse del frío

y volverse a quedarse destemplada
para necesitar más que bufandas para entrar en calor.

Sus bocas dibujaban vaho en el aire
y en los cristales volvían a escribir

historias medio adolescentes,
medio infantiles,

que provocaban sonrisas de espontaneidad.
Provocar, si y no.
Mejor natural, casero,
como la bollería artesana en una tarde de travesuras gastronómicas.