lunes, 8 de octubre de 2012

Digerir la manzana


Derretirme en cada pétalo de margarita que cae.
Deshojar los tequieros quema la mente, arde la sangre.
Los viejos carteles que antes hacían feliz a mi mandíbula,
ahora hieren a mis ojos, invocan a mis lágrimas.
El aire está viciado. Huele a ponzoña y a humo de cigarrillo.
La nostalgia amarga el gusto y pervierte las entrañas.
Olvidar. Borrar. Saltar en el tiempo hasta la próxima caricia.
Matar los tiempos muertos.
El sentimiento se ha podrido y la memoria se resiste.
El corazón no miente.
Pero ella había mordido la manzana. Y ya era demasiado tarde.
La acción se apoderó de su mente.
Unos meses atrás todo era tan diferente.
Podía camuflarse entre el resto de la gente.
Contaminarse de nuevo y olvidar el pretérito perfecto.
Vivir del recuerdo, vivir con el recuerdo.
Jamás olvidaría, solo mutaría. El sentimiento.
Eva mordió la manzana. Su castigo fue el pecado.
Regocijarse en el infierno. Anhelar el próximo castigo.
Morder.

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