lunes, 12 de mayo de 2014

A veces

Dicen que cuando se cierra una puerta se abre una ventana.
El último portazo me dejó sorda y ahora dudo si es ruido todo lo que sé.
Un ruido blanco, que tiñe de sombras mi mirar.

Hace frío en mi habitación. La ventana no se ha acabado de abrir ni la puerta de cerrar. Se cuelan vendavales por mis rendijas atemporales.
Hace frío en mi habitación.
Abrígate que hay corriente me decían. Pero había demasiado ruido entre estas cuatro paredes como para sintonizar advertencias. Hace frío en mi habitación.
Ya no consulto el pronóstico del tiempo ni el horóscopo del día pues yo misma soy mi mejor adivina condenándome siempre a la imprevisibilidad.
Hace frío en mi habitación porque a todas mis malas costumbres he añadido la de dormir desnuda.

¿Quién sabe? Nadie se apellida imprevisible. En eso consiste: la cadencia de las horas, el solsticio de un minuto, la templanza de un segundo. A veces es solo cuestión de tiempo. A veces dura solo un segundo.

Pum.