domingo, 21 de octubre de 2012

La paradoja del hielo

Pedirle una tregua al tiempo para que no se derrita el hielo.
Hacer escarcha en la arena con el vapor de tu cuerpo.
Provocar al cielo con el atrevimiento de nuestro deseo.
Y que la tormenta estalle.

Que se calen nuestros huesos con el frío más intenso,
que la lluvia se ponga histérica
y las nubes rabien.

Tu y yo tiritaremos,
temblaremos de frío y miedo,
pero se encenderán nuestros cuerpos.

Plantarle cara a Zeus en la inmensidad del Olimpo.
Desafiar a Deméter alterando las estaciones.
Invierno en un altar cabe
le adoraremos de nuevo.

El tiempo se está enfriando y eso me quema por dentro
y en el fulgor de los días, el frío será mi consuelo.
Los grados están bajando y te sigo echando de menos.
No sé si echar a temblar, no sé si temblar de miedo.

Y mi fe persigue intacta el eco de nuestro deshielo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Donde hubo fuego

Penetrar por las fisuras en las llagas encendidas.
Prender la ceniza en fuego con un juego de delicia.
El enigma es tu mirada, tu mirada es la ceniza.
Y mis manos son la lumbre que hace quemar la desidia.
Sumérgete en esta nube de polvo, arriésgate a la caricia.
Conviértete en ave fénix para redimir poesía.
Déjame hacer jirones de tu pecho la camisa.
Desabrochar las excusas, deshilvanar las heridas.
Bálsamo para mis manos en tu epidermis tan fría.
Bálsamo serán mis labios, cuando tu a mí me lo pidas.

jueves, 11 de octubre de 2012

El regreso al mito de la caverna

La desvirtuación del Carpe Diem es vuestra condena.
Es nuestra condena.
Conocer a base de impresiones.
Juzgar a base de apariencias.
Rendir culto a lo efímero,
a las sobredosis y al placer sin consecuencias.

El hedonismo consumirá el alma.
Ya no habrá mito del carro alado.
Se destruirá el mundo de las ideas
Nos alimentaremos de sombras.

Se acabaron los tiempos de espera, los preliminares y las cenas con entrantes.
Es la era del hic et nunc.
Ya no hay preludio en la escena, ni prólogo en la novela.
La realidad ya superó a la ficción.

Nos creímos ser Dioses de Atenas
y no conocíamos ni el Partenón.
La veleidad es nuestra bandera.
Y la lealtad se quedó en el cajón.

Los valores son palabras vacías,
el tiempo los dejó en el pasado.
Quizás los pusimos nosotros ahí.

Probar experiencias. Rozar el éxtasis.
Comas etílicos. Sexo sin control.
Los sentimientos a un lado.
La conciencia en estado de shock.

Limpiarse el culo con los versos de Shakespeare,
que el iPad te diga hasta cuando hay que cagar.
Los incendios se propagan,
los árboles se talan,
el otoño no llueve,
el río se queda sin caudal.

Pervirtamos la lógica tecnológica.
Evitemos las Hiroshimas que aún quedan por estallar.
No invoquemos los tsunamis, ni encedamos Fukushimas.

Cambiémos los lexatines, valerianas y prozac,
por el papel de los libros que aún tienen tanto que contar.
Saludemos al progreso y fundámonos con él,
pero no hasta el último beso
que el de Judas puede ser.





Confusión


Es ese no dirigir el rumbo,
cómo el rumor de la corriente me asusta y alienta.
La sorpresa está en mi naturaleza
Pero en noches como esta me siento vulnerable,
el universo se me vuelve demasiado grande.
Es como un todo que me devora y yo no soy nada.
Es el abismo. El vacío.
Es ese ruido que estalla y ensordece nuestro mirar.
Es una habitación oscura, una cama extraña de un hotel,
unas sábanas ajenas, un pañuelo de seda sin satén.
Es el miedo en todas sus formas: ser capaz de adentrarte en la tormenta sin que nada te importe porque no sabes qué es lo que verdaderamente importa.
Es el miedo en todas sus formas: la sensación de no querer salir de ese refugio que es nuestra habitación cuando la ciudad aún duerme y todavía no has subido las persianas.
Ausencia de miedo. Miedo incluso de ti.
La marea está subiendo en la ciudad de Madrid.
Es octubre y la gente camina en pantalón corto.
Todo ha cambiado. Todo va a cambiar.
Y me pierdo buscando a la gente porque ya no me encuentro ni yo.
A tientas,
dando bandazos,
con una brújula sin norte
y un pasado por arder.
El gas de los coches ha ocultado las estrellas,
las farolas son bombillas fundidas en el pérfido anochecer.
Y ahora me toca caminar a ciegas. Sola.
Tengo mucho frío.

lunes, 8 de octubre de 2012

Un tributo a la escritura


Expío mis culpas ardiendo con el puño de mis letras.
Son palabras que me calman, que me escuchan y serenan.
En ellas vuelco mis males, mis dudas y mis miserias.
Son palabras que supuran la historia que yo hice tragedia.
Son gritos de la locura, de la pasión e impaciencia.
No puedo evitarlo, la lírica posee mis venas.
Y hago tragedia de esto pues de farsa estoy repleta.
Ahogar las penas en vasos
con licores y ginebra.
Bebida que abduce mi mente
y hace salir la blasfemia.
Respirar en cada morfema.
La noche florece en tu ausencia.

Digerir la manzana


Derretirme en cada pétalo de margarita que cae.
Deshojar los tequieros quema la mente, arde la sangre.
Los viejos carteles que antes hacían feliz a mi mandíbula,
ahora hieren a mis ojos, invocan a mis lágrimas.
El aire está viciado. Huele a ponzoña y a humo de cigarrillo.
La nostalgia amarga el gusto y pervierte las entrañas.
Olvidar. Borrar. Saltar en el tiempo hasta la próxima caricia.
Matar los tiempos muertos.
El sentimiento se ha podrido y la memoria se resiste.
El corazón no miente.
Pero ella había mordido la manzana. Y ya era demasiado tarde.
La acción se apoderó de su mente.
Unos meses atrás todo era tan diferente.
Podía camuflarse entre el resto de la gente.
Contaminarse de nuevo y olvidar el pretérito perfecto.
Vivir del recuerdo, vivir con el recuerdo.
Jamás olvidaría, solo mutaría. El sentimiento.
Eva mordió la manzana. Su castigo fue el pecado.
Regocijarse en el infierno. Anhelar el próximo castigo.
Morder.

El vicio del tiempo

Matar los tiempo muertos
con fanáticas rutinas.
Callar el ruido externo
con el paso de los días.

Pero tengo la mala costumbre 
de no romper las hojas del calendario.
Tengo la mala costumbre de retener melodías.

Malas costumbres que intoxican mi alegría.
Detesto las transiciones, son mi peor enemiga.
La paciencia sí es virtud divina.
Y la mortalidad conmigo nacería.

Es ese futuro incierto que acecha mi fantasía.
Atosiga mis silencios.
Atrapa mis energías.

Yo soy más fuerte que todo. 
Mi voz es llama encendida
Mi garganta sabe a fuego
Mi sangre a sal con heridas

Y mi canción jamás se rinde
aunque se vicie en los acordes
de viejas historias marchitas.

Me proyecto en las letras 
que lloran ilusiones perdidas
con la infame esperanza
de que algún día fueran mías.

Infatigable consuelo 
que ciega la despedida
Se afana, se ufana, se encierra
que aún no ha acabado la partida.

Masticar el aire,
¡qué amargo sería!
Peor es ahogarse bajo el agua,
peor es quedarse sin poesía.

¡Larga muerte a la apatía!

Estirpar el tiempo al presente o despertar al mediodía.