Rumbo al Norte, luego al
Sur.
Para acabar siempre en el
mismo punto.
La perpendicular de la
duda y la inquietud.
La intersección en el
desierto sin veredas.
No se puede soñar con
querer besar al viento.
Que los besos efímeros no
te esperan en la alcoba.
No se puede soñar con querer
besar al viento.
Aunque te guste el
huracán de sus caderas.

Aunque se te inunde la
piel con la tempestad de su espalda
y te moje la cama el
ciclón de su madrugada.
No se puede soñar con
querer besar al viento.
Al final hasta las brisas
resultan agotadoras.
La carne certera es la
que de verdad te llena.
Los labios sinceros no
buscan sueños sino auroras.
No se puede soñar con
querer besar al viento porque cuando este es veleta incierta y tus pies no
alcanzan su ritmo, ves como tus sueños y tu querer se han marchado con él.
Y corres el riesgo de
pensar que ya no se puede soñar o que ya no se puede querer. Pero en verdad, niña, lo
que no se puede es soñar con querer besar al viento.
Sueña, quiere y besa. Aunque
de agua sean tus noches.
La carne está viva y ya
se enciende en la tierra un nuevo fuego.