miércoles, 12 de febrero de 2014

Prende la llama

En la pared se ha abierto una grieta
por donde a veces mendiga tu silueta.

Una rendija se cuela por mi ventana.
El ladrón de la noche susurra una nana.

La oquedad del placer clama deseo.
Se dilatan los músculos si te espero.

Cierro los ojos y ahí estás tú.
Abro los ojos y sigues ahí, imperecedero.
Entonces cojo un punzón y empiezo a escarbar en el agujero
con el miedo infame de que al otro lado de la pared
ya solo se encuentre tu sombra.

Peor aún. Con el temor
de que el muro que haya derruido con mis manos
no sea más que los huesos a mi corazón anclado.

Me aterran las punzadas,
pero la tierra sigue impasible en movimiento de rotación.
Y yo querría ser el Sol y no la Luna.


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