Pegamento en las suelas. Polvo
en la solapas. Sal en las heridas.
Excusas para no cicatrizar.
Ella se aferró a su
cuerpo condenando al letargo la fogosidad del suyo. Las imágenes de su espalda
en circunvalación eran latigazos en sus sienes.
Le gustaría combatir los
gemidos y palabras del pasado con la honestidad de su presente. Pero algunas
noches aflora la debilidad. Su cuerpo se encoje. Se hace un ovillo su corazón y
su cara es una mueca de tristeza y hastío.
Ella está aprendiendo a
disfrutar de la caducidad de los alimentos. La próxima vez que pase algún tren,
será ella quien tome el volante.
Ha tatuado en sus labios
la palabra temporal. Sabe que los besos no siempre duran hasta la siguiente primavera, pero no por ello ha de condenar su intensidad.
Ha aprendido que algunas
personas vienen en formato circunstancia. Un país, un idioma, un vínculo, un
trabajo, una habitación o, incluso, un momento.
Nuestro problema siempre
son las despedidas.
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