Cada persona es un mundo.
El universo, cada pareja.
Me sentaba a comparar. No servía de nada.
Me sentaba a pensar, a contemplar, como el espectador de una obra de teatro.
Imaginaba que la pareja que estaba en aquel escenario no éramos tu y yo.
No servía de nada.
No se puede comparar. De hecho, debería estar prohibido.
Porque las personas cambian, porque cada pareja es un universo.
Porque los sentimientos son únicos, complejos, irracionales.
Porque los sentimientos no están diseñados para pensarlos.
Porque pertenecen al corazón y no a la mente.
Porque los sentimientos son para sentirlos, para vivirlos. Incluso para sufrirlos.
Jamás para pensarlos, jamás para observarlos.
Porque si quieres me dices adiós, pero después de sentir que ya no me quieres.
Porque si quieres me dices adiós, pero después de haber sentido que ya no había nada que sentir.
No se puede comparar.
Heráclito de Éfeso decía que no nos podemos bañar dos veces en el mismo río.
Es verdad. No podemos comparar porque ni tu ni yo somos los mismo de aquel 11 de febrero.
Porque ni tu ni yo somos aquella persona que en otro tiempo se enamoró de una tal Marta o Elena o, en mi caso, de un tal Joaquín.
Es absurdo.
Aquellas no fueron más que historias fallidas. No son más que humo que ahora ciega nuestro mirar.
Y lo peor es que mientras yo me levanto para entrar en el escenario y dejar de observar, tú te sientas a mirar. Ahora, ahora que tus ojos ven tras la pantalla de humo de un pretérito ilusorio.
Ahora, ahora que yo necesitaba acción, emoción. Ahora que yo pensaba que era el momento de reinventarnos, de revivir aquel febrero maravilloso.
Ahora, ahora que pensaba haber rescatado la poción que nos embriagó aquel mes de dulces besos.
Ahora, ahora que pensaba envenenarte con pociones y besos...vas tu y te quieres sentar a pensar.
Solo espero que la poción que estos días he fabricado con mi amor no se estropee. Solo espero que te levantes de tu silla, que dejes de pensar, de reflexionar para que quieras envenenarte con mis besos.
Protagonista, antagonista, actor. No me importa. El caso es que quiero que llegue el segundo acto de la obra. El caso es que yo sí veo un futuro bonito. El caso es que yo miro al futuro y no al pasado, porque aprendí con otras obras de teatro de mi pasado que cada persona es un mundo, que cada pareja un universo.
Que lo que fluye entre tu y yo, no es cosa tuya o mía. Es cosa de los dos. Entre los dos lo matamos o entre los dos renacemos.
Ya lo sabes, yo apuesto por el segundo acto.
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