La risa era la antesala de la lágrima
La palabra era el preludio de la acción.
Ha caído la tormenta. Rápida, extentoria, ensordecedora,
sobrecogedora.
Si, el corazón ahora en un puño.
El paisaje mojado, húmedo.
Se respira la lluvia, la humedad.
Mis ojos aún conservan el resplandor de aquel relámpago. De
tu relámpago, que aunque breve y transitorio, condensó la bravura de un
huracán.
Deslumbrada, deconcertada, derretida, pero sobre todo,
jodidamente deshidratada.
Tila con manzanilla para dormir.
Sin embargo, ahora mismo arrasaría con la barra de cualquier
bar.
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