Un clavo saca otro clavo.
Necesitaba oxidarse en mi interior. El anterior ya estaba roñoso, desgastado, podrido y necesitaba ser estirpado.
Lo conseguí.
Y el otro clavo ya empieza a oxidarse y eso me gusta. Se está adhiriendo a mi piel y eso me place.
Y siempre es la misma historia.
La incertidumbre alimenta un futuro de puestas de sol y dedos entrelazados que las contemplan.
Más que la incertidumbre es la imaginación, que a veces nos juega malas pasadas, que otras nos devuelve a la feliz ignorancia.
Pero la fórmula mágica de imaginación e incertidumbre se acaba. No podemos suministrar más gotas de estos elementos al caldero de emociones que es nuestro corazón. Ahora toca inventar nuevas pócimas.
La sal y el delirio puede que se mezclen bien.
¿Y si comenzamos por el final?
El mundo al revés.
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