lunes, 29 de abril de 2013

Catarsis acuática


Anclada en el recuerdo,
como ese Diógenes que nada tiraba,
como ese siglo XIX que se volvió romántico,
como las raíces que erigen a sus árboles.
Encaramada a la soledad de mis sábanas sin manchas.

El tiempo ha clavado alfileres en mi memoria.
Los días fluían sin pena ni gloria.
Las hojas cayeron sin más hazaña
que las flores que siempre poblarán
los árboles de la acera de un portal
ya medio marchito.

Afilar la cuchilla de las tijeras,
que corte el cordón umbilical, nuestro cordón umbilical.
Ya no queda ni la cera de las velas,
que esperaba derretida por la espera.
El café se volvió amargo, el cigarro fue muy largo
y la ceniza del polvo se ha ocultado en el resquicio de un desván.
Dicen que donde hubo fuego…

Pero el calor empieza a habitar nuestras estanterías
y las sábanas se pegan con demasiado sudor a la piel.
El fluir de estaciones ha mutado el sentimiento
pero no mata el tormento.
Ojalá que el agua nos empiece a inundar. 

sábado, 16 de febrero de 2013

El poder de las imágenes


¿Por qué una fotografía? No es porque una imagen valga más que mil palabras si no por las historias que las imágenes encierran.

Las fotografías son ventanas al interior. Son ese agujero porque el que se cuelan los sentimientos profundos de las personas. En una mirada, en una sonrisa, en un beso, en un gesto…Y también son ventanas al exterior. Son como esa mirilla de las puertas por las que nos asomamos a contemplar el espectáculo de la vida.

Las fotografías recogen retazos de realidad, pedacitos de vida. Captan un instante, son la prueba de lo que hemos sido y en lo que nos vamos convirtiendo. Es la historia muda de las aventuras, las emociones, los momentos que compartimos juntos.

Coge una fotografía y párate a pensar. Cierras los ojos y en tu cabeza aparece toda una secuencia de imágenes. Un escalofrío tal vez recorra tu cuerpo al recordar aquel momento, aquella pequeña historia que va engrosando nuestra memoria.

Por eso, he querido hacerte este pequeño regalo. Para recuerdes los pequeños capítulos que van componiendo el libro de nuestras vidas. Un libro, al que si quieres, le quedan muchas historias por contar. O si lo prefieres, un álbum, al que le quedan muchas fotografías pendientes todavía.

Porque los periodistas somos eso, contadores de historias. Y no está de más que de vez en cuando nos paremos a pensar en las nuestras, en la nuestra. 

Soltar los grilletes del esclavo tiempo

Días en los que nada es la excusa perfecta para compartir las horas en poesía.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Desnuda como el tronco de los árboles

Huellas que se perpetraron en la calidez del hielo.
En la celeridad del tiempo,
laten.

Ha llegado Noviembre
y estoy mudando la piel.
El color ha mutado en nuestras ropas,
en nuestros cielos,
en nuestros paisajes,
en nuestras propias carnes.
La Naturaleza desvela nuestra necesidad.

Las hojas tiritan en las copas de los árboles,
se encuentran muy solas y confusas,
porque saben que pronto caerán.
Como todo en este ciclo vital.

Si tuvimos un clima, ese fue el invierno.
El sentimiento brotó fervoroso en el frío de Madrid.

Mis dedos recorren celosos las páginas de un calendario
que volverá a renacer.

Impávida recorrería tu cuerpo,
en la celeridad del tiempo,
en el fulgor del invierno,
en la imposibilidad del hielo.
Y el invierno se consumiría en el fuego. Nuestro fuego.

Mis manos añoran la textura de tu piel.
El áspero papel araña mis anhelos
y corta el tacto con astuta falsedad.

Mis ojos recorren las ventanas
en busca de la última hoja caduca
para empezar a tiritar
en la desnudez gélida e invernal.



La incoherencia del placer en el dolor: el eco que retumba

Disquisiciones insípidas,
palabras vacías,
sentidos ausentes.
Lucha de gatos en un acorde estridente,
impertinente,
incoherente,
intermitente.

Caos.

Movimiento migratorio de
los pájaros en mi cabeza.
La eternidad sucumbió a los finales.
Nuestro enemigo fue el tiempo.

En un polvo interrumpido
apagamos el sonido.
Pero en la distancia aún hay eco
y los susurros duelen.
Me hieren .
Y mi infinita utopía
y mi infinita inocencia
y mi infinito deseo
se aferran y se pegan al dolor.

Ese dolor plácido de creer en los imposibles.
Dulzura en la imposibilidad.

Deseos de superioridad por creerme la protagonista
de historias inverosímiles
de ficciones tan remotas
que fantasía parecerían.

Y me disfrazo muchas noches de esa protagonista
entre lágrimas suicidas y sonrisas virginales
entre respuestas ambiguas  y promesas potenciales.

Y los susurros duelen...

Tus palabras arañan en mis recuerdos
tempestades.

En un estado onírico,
los cristales de mi ventana se empañan.

Con el vapor del silencio,
congelaría las formas,
que inocentes dibujamos,
en el frío del invierno en un portal.


jueves, 25 de octubre de 2012

Luna nueva


Que me brota la nostalgia,
echo de menos la magia,
ser la Musa en tu galaxia,
beber de tu pensamiento.

La noche invita al reposo
al silencio y a la Luna
y la espesura del cielo
grita por su soledad.

Un día subió a lo más alto
se codeó con las estrellas
le hacía sombra hasta al Sol.

Pero cuando yo la miro
siempre la encuentro muy sola.

Entre tanta oscuridad es valiente y todavía brilla.
Pero solo por momentos.

La debilidad aflora.
La pobre Luna no llora, pero se va apagando sola.
Todos los días sufre por ver al Sol que se marcha.
Querría bajar a la Tierra para disfrutar de él.
Ha aprendido que la libertad le estorba.
Que la noche la congela, necesita del calor.
Y no la importaría quemarse, consumirse con el fuego
pues prefiere morir ardiendo que de frío en la oscuridad.

La Luna es valiente, la Luna no llora
y siempre obediente vuelve a renacer.
Solo pide un deseo antes de morir: arder.
Luna nueva.

domingo, 21 de octubre de 2012

Con el calor de un susurro

Dejar que el agua inunde mi cuerpo en los poros de tu piel.
Apagar los tormentos en las lluvias del otoño.
Dormir las posturas en el fluir del tiempo.
Silenciar los recuerdos con el calor de un susurro.

Sorbos de adolescencia en una taza de café.
El ladrón de la inocencia que nunca llegaste a ser.
Te abandonaste al olvido, me abandonaste con él.

Mato a los sentimientos con noches de ruido y fiesta
y luego resulto muerta pues con ello me suicido.
Siempre es más fuerte mi esencia.
Y me zumban los oídos, y me arde la garganta,
pues todos están vacíos y el humo se disuelve solo con soplar.

El champán se ha vuelto frívolo, 
las copas se están oxidando.
Y mientras yo soplo pestañas
a ver si se cumplen mis deseos, mi deseo.