lunes, 29 de abril de 2013

Catarsis acuática


Anclada en el recuerdo,
como ese Diógenes que nada tiraba,
como ese siglo XIX que se volvió romántico,
como las raíces que erigen a sus árboles.
Encaramada a la soledad de mis sábanas sin manchas.

El tiempo ha clavado alfileres en mi memoria.
Los días fluían sin pena ni gloria.
Las hojas cayeron sin más hazaña
que las flores que siempre poblarán
los árboles de la acera de un portal
ya medio marchito.

Afilar la cuchilla de las tijeras,
que corte el cordón umbilical, nuestro cordón umbilical.
Ya no queda ni la cera de las velas,
que esperaba derretida por la espera.
El café se volvió amargo, el cigarro fue muy largo
y la ceniza del polvo se ha ocultado en el resquicio de un desván.
Dicen que donde hubo fuego…

Pero el calor empieza a habitar nuestras estanterías
y las sábanas se pegan con demasiado sudor a la piel.
El fluir de estaciones ha mutado el sentimiento
pero no mata el tormento.
Ojalá que el agua nos empiece a inundar. 

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