domingo, 4 de noviembre de 2012

Desnuda como el tronco de los árboles

Huellas que se perpetraron en la calidez del hielo.
En la celeridad del tiempo,
laten.

Ha llegado Noviembre
y estoy mudando la piel.
El color ha mutado en nuestras ropas,
en nuestros cielos,
en nuestros paisajes,
en nuestras propias carnes.
La Naturaleza desvela nuestra necesidad.

Las hojas tiritan en las copas de los árboles,
se encuentran muy solas y confusas,
porque saben que pronto caerán.
Como todo en este ciclo vital.

Si tuvimos un clima, ese fue el invierno.
El sentimiento brotó fervoroso en el frío de Madrid.

Mis dedos recorren celosos las páginas de un calendario
que volverá a renacer.

Impávida recorrería tu cuerpo,
en la celeridad del tiempo,
en el fulgor del invierno,
en la imposibilidad del hielo.
Y el invierno se consumiría en el fuego. Nuestro fuego.

Mis manos añoran la textura de tu piel.
El áspero papel araña mis anhelos
y corta el tacto con astuta falsedad.

Mis ojos recorren las ventanas
en busca de la última hoja caduca
para empezar a tiritar
en la desnudez gélida e invernal.



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