sábado, 29 de junio de 2013

Corteza quemada y olvido

Desnuda como el tronco de los árboles.
Corteza quemada y olvido.
Estrías que hacen estragos en un tacto agrietado por el paso del tiempo.
La mácula de tantos momentos
dibuja su paso en el barniz del ocaso.
Corteza quemada y olvido.
Cenizas como base de plomo
calientan el barro en los pies.
Unos pies que dejan paso a la esbeltez de dos robustas columnas griegas.
Tan robustas, tan esbeltas que el paraíso en ellas habita.
Allí dónde se pierden los hombres. Bueno, un poquito más arriba.
Donde nace la música en candentes gemidos.
Donde la diosa Venus grabó su inicial.
El capitel, la manzana, el cenit y la destrucción.
Corteza quemada y olvido que siguen trepando las grietas,
que siguen haciendo de barro los pies,
que siguen haciendo del monte un paraíso.
Polvo mordido.
Corteza quemada y olvido.



sábado, 11 de mayo de 2013

Verdugos de la oscuridad

Eramos victimas de la necesidad.
Nuestros cuerpos latían ecos de desengaños en oquedades vacías que se colaban por el tamiz de nuestros desvelos.
Eramos dos amantes de un último tango en París que tú fingías no querer bailar.

El tintineo de las llaves de tu casa oscura y vacía era demasiado tentador. Era el complemento perfecto de tu pantalón abultado por la erección de tus instintos.

No nos pongamos románticos. No podemos permitírnoslo otra vez. La sangre alargaba y endurecía tu deseo por pura atracción. ¿Sexual o afectiva? ¿O ambas?

Tu cuerpo cabalgaba junto al mío gimiendo necesidad. Pegamento para solapar heridas. Cemento para tapiar ventanas. Nosotros estábamos más a gusto así, en la húmeda y compacta oscuridad.

No. No, por favor. No enciendas la lámpara que prefiero conocerte así, a tientas. Que no sé si quiero conocerte. Que no sé si prefiero besarte y abrazarte y quererete y respirarte y tocarte, olerte, saborearte, chuparte...así despacito o muy deprisa o muy caliente o muy templado. Pero en la oscuridad. Con el sentido de la vista adormecido. Que no sé si puedo conocerte porque ya no me conozco ni a mi misma.

El calor empieza a hervir en las calles de nuestras ciudades. El asfalto ardiente desgasta los neumáticos de tu coche de segunda mano en el que tantas noches me perseguiste la falda con tus labios.

Es solo un trueque. Un intercambio de besos. Un pacto por el afecto. Nada más. ¿O no?

Una nebulosa gris miedo atemperaba nuestros instintos.
Las perlas falsas de mi collar repiqueteaban contra el parqué de tu habitación.
Me desabrochabas el cuello en un gesto redentor. Me arropabas con tus manos. Me devorabas con tu mirada.  Nos echábamos un pulso cada noche en las costuras de tus sábanas moradas.

Un jeu d'enfants. Rescatábamos cada noche la ilusión en los jadeos acompasados de nuestras gargantas. La carcajada inocente rompía en los albores del placer.

Los muelles del colchón ya no suenan en las casas. Todo lo acapara el látex. Por eso, algunas noches preferías el duro suelo para poseerme entre tus muslos, para aventurarte entre los míos.

Es verano y los días son cada vez más largos. El sol domina las horas acosándonos con su luz y verdad. Y tu y yo no podemos esperar a que se haga de noche. Hemos fallado. Somo débiles. Hemos caído en la tentación. La costumbre es nuestro mayor pecado. Estamos ávidos de cariño, de afecto, de caricias y besos. Tenemos que confesar que ya no es solo sexo. Nunca lo fue. Desde un principio ya era necesidad. No necesidad sexual, sino necesidad a secas. Por que nos necesitábamos el uno al otro, nuestros cuerpos, nuestras voces, nuestros silencios. Nuestro ritmo y nuestro tiempo.

No pudimos esperar a que se pusiera el sol. Y nos quisimos sin más protección que la tela de unas cortinas ligeras. Y por fin me quisiste. Por fin disfrutaste contemplando las imperfecciones de mi cuerpo, dibujando recorridos con tus labios sobre mi pecho desierto. Y me miraste a los ojos con ternura.

El rojo de mi uñas jugó con tu blanca pelvis. Tus gruesos dedos azotaron mis caderas. Y disfrutamos del espectáculo al contra luz de la libertad.

sábado, 4 de mayo de 2013

Libertad hecha figura

Movimientos sinuosos,
vaivenes atemperados,
Giros inexplorados
La elegancia se desborda
en las vértebras
de su esbelta figura

Veleidad en la cintura de su falda
Deleite en la columna de su espalda

Las yemas de sus dedos
se balancean en el contraluz
de los colores de la tarde.



lunes, 29 de abril de 2013

Catarsis acuática


Anclada en el recuerdo,
como ese Diógenes que nada tiraba,
como ese siglo XIX que se volvió romántico,
como las raíces que erigen a sus árboles.
Encaramada a la soledad de mis sábanas sin manchas.

El tiempo ha clavado alfileres en mi memoria.
Los días fluían sin pena ni gloria.
Las hojas cayeron sin más hazaña
que las flores que siempre poblarán
los árboles de la acera de un portal
ya medio marchito.

Afilar la cuchilla de las tijeras,
que corte el cordón umbilical, nuestro cordón umbilical.
Ya no queda ni la cera de las velas,
que esperaba derretida por la espera.
El café se volvió amargo, el cigarro fue muy largo
y la ceniza del polvo se ha ocultado en el resquicio de un desván.
Dicen que donde hubo fuego…

Pero el calor empieza a habitar nuestras estanterías
y las sábanas se pegan con demasiado sudor a la piel.
El fluir de estaciones ha mutado el sentimiento
pero no mata el tormento.
Ojalá que el agua nos empiece a inundar. 

sábado, 16 de febrero de 2013

El poder de las imágenes


¿Por qué una fotografía? No es porque una imagen valga más que mil palabras si no por las historias que las imágenes encierran.

Las fotografías son ventanas al interior. Son ese agujero porque el que se cuelan los sentimientos profundos de las personas. En una mirada, en una sonrisa, en un beso, en un gesto…Y también son ventanas al exterior. Son como esa mirilla de las puertas por las que nos asomamos a contemplar el espectáculo de la vida.

Las fotografías recogen retazos de realidad, pedacitos de vida. Captan un instante, son la prueba de lo que hemos sido y en lo que nos vamos convirtiendo. Es la historia muda de las aventuras, las emociones, los momentos que compartimos juntos.

Coge una fotografía y párate a pensar. Cierras los ojos y en tu cabeza aparece toda una secuencia de imágenes. Un escalofrío tal vez recorra tu cuerpo al recordar aquel momento, aquella pequeña historia que va engrosando nuestra memoria.

Por eso, he querido hacerte este pequeño regalo. Para recuerdes los pequeños capítulos que van componiendo el libro de nuestras vidas. Un libro, al que si quieres, le quedan muchas historias por contar. O si lo prefieres, un álbum, al que le quedan muchas fotografías pendientes todavía.

Porque los periodistas somos eso, contadores de historias. Y no está de más que de vez en cuando nos paremos a pensar en las nuestras, en la nuestra. 

Soltar los grilletes del esclavo tiempo

Días en los que nada es la excusa perfecta para compartir las horas en poesía.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Desnuda como el tronco de los árboles

Huellas que se perpetraron en la calidez del hielo.
En la celeridad del tiempo,
laten.

Ha llegado Noviembre
y estoy mudando la piel.
El color ha mutado en nuestras ropas,
en nuestros cielos,
en nuestros paisajes,
en nuestras propias carnes.
La Naturaleza desvela nuestra necesidad.

Las hojas tiritan en las copas de los árboles,
se encuentran muy solas y confusas,
porque saben que pronto caerán.
Como todo en este ciclo vital.

Si tuvimos un clima, ese fue el invierno.
El sentimiento brotó fervoroso en el frío de Madrid.

Mis dedos recorren celosos las páginas de un calendario
que volverá a renacer.

Impávida recorrería tu cuerpo,
en la celeridad del tiempo,
en el fulgor del invierno,
en la imposibilidad del hielo.
Y el invierno se consumiría en el fuego. Nuestro fuego.

Mis manos añoran la textura de tu piel.
El áspero papel araña mis anhelos
y corta el tacto con astuta falsedad.

Mis ojos recorren las ventanas
en busca de la última hoja caduca
para empezar a tiritar
en la desnudez gélida e invernal.