Aceptar el desafío.
Querer que la energía vuelva a mí.
El brillo en los ojos.
El sol en la cara.
La luz en el rostro.
La sonrisa sincera.
El placer hecho ternura,
la ternura hecha placer.
El cariño, la locura
tú locura, mi placer.
jueves, 24 de mayo de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
La tienda de los aromas
No eres tú, es lo que tú haces de mí.
Es la esencia que tú fabricas con las fragancias que yo conservo. Es la habilidad que tienes para despertar en mí las ganas de vivir más intensas que jamás había sentido.
No eres tú, es lo que tú haces de mí.
Es es afán por querer comerme el mundo que cuando estaba contigo sentía, esa risa contagiosa que me poseía cuando estaba contigo. Esa seguridad que me invadía al saber que al fin alguien podía quererme sin contratos. Esa capacidad para entregarte a una persona desconocida y sentirte feliz con ello. Era la plenitud, la inmensidad del mar, las ganas de volar, de flotar, de amar...es el soplo de vida que me insuflabas con cada beso, con tu presencia, con mi sentimiento.
Porque si en mi interior puedes encontrar de todo, como en cualquier otro ser humano, gracias a ti mi cuerpo ya solo emanaba un olor al mejor perfume que jamás yo había respirado.
Al revés
Alteremos la pirámide de Maslow alimentándonos más que con los besos que nuestras bocas intercambien.
sábado, 19 de mayo de 2012
Zoon politikón
Somos seres sociales por naturaleza. Nos necesitamos los unos a los otros y sin embargo tratamos de destruirnos
Orgasmo de chocolate para llevar
Siento que soy un capricho. Una piruleta que se te antoja cuando eres pequeño porque ves a un niño en el parque comiendo una. Un pastel que te entra por los ojos cuando pasas por el escaparate de un pastelería. Un coche, una colonia, unos pantalones, un reloj... un capricho.
La pena es que yo no soy inerte, yo no soy un bien inmaterial. La pena es que cuando te comas el pastel todo se ha acabado sin que el chocolate sufra por haberse consumido en tu boca. La pena es que cuando te canses de esos pantalones, estos no sufrirán por quedarse arrinconados en el fondo del armario.
Lo que pasa es que cuando la conocen, sienten unas ganas irrefrenables de huir, de escapar. Sentimientos poderosos y desconocidos invaden su cuerpo y ellos quieren evitar que se cuelen en su corazón. Y corren, huyen, finalizan las historias antes de que estas hubieran llegado a su fin.
Una vez que han probado el placer del chocolate, parece que no desean volverse adictos al dulce.
Derretirse.
Sobrevivir a base de dulce puede ser sano. Alimentarse con besos sinceros debería ser una obligación.
La pena es que yo no soy inerte, yo no soy un bien inmaterial. La pena es que cuando te comas el pastel todo se ha acabado sin que el chocolate sufra por haberse consumido en tu boca. La pena es que cuando te canses de esos pantalones, estos no sufrirán por quedarse arrinconados en el fondo del armario.
Lo que pasa es que cuando la conocen, sienten unas ganas irrefrenables de huir, de escapar. Sentimientos poderosos y desconocidos invaden su cuerpo y ellos quieren evitar que se cuelen en su corazón. Y corren, huyen, finalizan las historias antes de que estas hubieran llegado a su fin.
Una vez que han probado el placer del chocolate, parece que no desean volverse adictos al dulce.
Derretirse.
Sobrevivir a base de dulce puede ser sano. Alimentarse con besos sinceros debería ser una obligación.
Las máscaras no deben coserse a la piel
-Buenos días, ¿venden máscaras?
-Claro señorita, esto es una tienda de disfraces, ¡cómo no íbamos a vender máscaras! Acompáñeme, le enseñaré los modelos que tenemos.
María caminó por los pasillos de aquella tienda de disfraces hasta llegar a una repisa repleta de lo que parecían las formas de unos rostros fabricados con plástico y artificio.
-Discúlpeme usted a mí, pero esto no es lo que busco. Si salgo a la calle con esto seguiré siendo yo. Igual la gente no adivinará mi rostro, pero mi forma de ser, de caminar, de hablar, de sentir seguirá siendo la misma.
El dependiente de la tienda miró a María con cara de loca. Pensó que debería invertir su tiempo en ir a un psicólogo en lugar de pasearse por tiendas de disfraces.
La máscara que María necesitaba debía amasarla ella misma a su medida. Ella debía cortar el cuero y coser la goma. Mejor aún, ella debía coser la máscara a su piel.
Hay máscaras que se hacen de aire, de ponzoña y sentimientos. Máscaras con color a madera quemada, a tierra yerma y a heridas que aún sangran la piel. Hay muchas clases de máscaras. Máscaras transparentes, máscaras incoloras, inodoras y amargas. Máscaras que te cubren de hielo y hacen de hierro tu ser. Máscaras que hacen de ti una masa pétrea, que entierran tanto tu corazón que acaban por deshumanizarte. Hay muchas clases de máscaras. Pero las máscaras son siempre de quita y pon. Y cuando tu quieras puede acabar la función y dejar de interpretar. Las máscaras tienen una goma cosida precisamente para eso. Para que tú decidas cuando quitártela.
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