miércoles, 21 de marzo de 2012

No vuelvas que no quiero que te marches.

Vuelve, invierno, que ahora me he quedado fría.

Vuelve, invierno, convierte mi rostro en hielo.

No quiero mostrar mis miedos. Quiero volver a ser estatua.

Gélida. Fría. Inmutable.

Vuelve, invierno, que contigo mi corazón estaba caliente.
Ya es primavera pero yo ahora veo cada día el cielo más oscuro.
Más añil incertidumbre y menos celeste pasional.
Será que la primavera tenía que traer lluvia para que en verano sea capaz de respirar.
Solo espero aguantar sin ahogarme.
Solo espero volver a tiritar de frío,

 y que venga el invierno para que el corazón me queme la sangre.

Año bisiesto

El gotelé de las paredes

envidiaba nuestra mirada.
Nuestra y no nuestras
porque habíamos aprendido
 a mirar con los mismos ojos.
El ascensor se estremecía
y chirriaba al subir al sexto
Traducía el sentimiento
del miedo a la despedida.
Primero fueron dos besos,
insípidos, nimios, artificiales.
De mentira.
Como las cocinitas que te regalan tus padres con 5 años,
como las gafas de imitación de un verano con tontería.
Después llegaron tres años

de farsa y licor de guindas
y son sabor a probabilidad.
Ahora,
ahora necesitamos cuatro
años de gloria, pasión y ternura.

Para reír de felicidad otro 29

de febrero y oír cómo el ascensor de mi casa
sigue odiando las despedidas.


viernes, 2 de marzo de 2012

Letras por completar

Huecos.
Espacios.
Hipótesis.
Condicionales y deseos.
Ilusiones.
Trampantojos.
Antojos.
De momento todo es posible.
Los pies se empiezan a levantar del suelo,
los cuerpos empiezan a levitar,
el prisma de la mirada proyecta retazos de realidades creadas.
Los suspiros dibujan fantasías en el aire contaminado de Madrid.
El clima está seco porque este invierno no llovió a penas.
La primavera será dura para los alérgicos.
Dejará gargantas secas y la faringe irritada
pero lo saliva de otros labios
calmará esa sensación.
Puede.
Quizás.
Quién sabe.
Quedan 19 días de invierno y puede acaecer el diluvio universal.
Entonces, ¿por si acaso meto el paraguas en la mochila?




19 días para la primavera

El mes de invierno en pantalón corto

pasó.

Ahora la bufanda vuelve a arropar su cuello
para tapar los delirios de un mágico mes de sensaciones.

La duda sigue habitando en su cabeza.

No lo puede remediar,

es escéptica por naturaleza.
Pero también le gusta soñar cuando se marcha a la cama

en ese ratito antes de conciliar el sueño

cuando fantasea con hermosas probabilidades
que en subjuntivo podrían ser ciertas.

En realidad, le gusta volver a ponerse bufanda y jersey de cuello alto
y protegerse del frío

y volverse a quedarse destemplada
para necesitar más que bufandas para entrar en calor.

Sus bocas dibujaban vaho en el aire
y en los cristales volvían a escribir

historias medio adolescentes,
medio infantiles,

que provocaban sonrisas de espontaneidad.
Provocar, si y no.
Mejor natural, casero,
como la bollería artesana en una tarde de travesuras gastronómicas.

sábado, 4 de febrero de 2012

En la imaginación...

Era un espíritu libre. Una fábrica de sueños. Un suspiro en la madrugada.

Le encantaba leer libros. También disfrutaba viendo películas pero solo se desnudaba en las palabras de aquellos sus personajes.
Cada noche reposaba su cabeza contra la almohada y comenzaba la aventura.
Mientras su cuerpo descansaba arropado entre las sábanas de su hogareña cama, el viento chocaba contra el rostro efímero de su alma.
Cada noche cuando abría un libro y sus ojos comenzaban a recorrer la tinta depositada en aquellas páginas, su alma se despertaba para viajar a paraísos desconocidos. Para vivir en los corazones de aquellos personajes ficticios que tanto la cautivaban.
Era una premoción. Una alegoría. Era un juego de inocentes que desataba su lujuria.
Pero llegaba un momento en que la función debía finalizar y justo cuando se incorporaba para apagar la luz de su  lamparita de medianoche, su alma regrasaba  con ella. Volvía a animar su cuerpo pero todo era distinto como cada noche de lectura y confesiones al oído. Ahora su cuerpo estaba caliente, respiraba amores y tristezas, respiraba deseos e ilusiones realizadas.
Su boca había sido besada. Su piel dibujaba el rostro de aquellas manos que la habían acariciado. Y su mirada. Su mirada proyectaba los lugares que su alma había transitado.
Esas pasiones, esos pesamientos habían aflorado en la vigilia gracias a las letras, a las palabras, a los versos. Gracias a ellos, su efímera alma había poseido otros cuerpos de pluma y pergamino. Gracias a ellos, ahora su cuerpo estaba caliente, vivo de sensaciones y sentimientos nuevos. Gracias a ellos, cada noche, María aprendía a mirar otra vez el mundo.

Era una gota de agua que nunca acabó de llover.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La poesía

Tierna, frágil, etérea,
mecía su desnudez entre las sábanas de aquella cama dormida.
Era hermosa, distinta, cálida.
Su frescura se anunciaba en la textura de su pelo
y la blancura de su cuello despertaba en la madrugada.

Era especial.

Era poesía.

La poesía se vuelve íntima, personal. La poesía que se disfruta es la que se regala. Es la que regala sentimientos a la espera de despertarlos en otro cuerpo.

La poesía es íntima, ha de leerse en la intimidad. Para emocionarse con cada palabra. Para descubrir cada detalle. Para encerrar cada imagen.

La poesía está escrita para conocerla. La poesías sin vida no existen. La poesía es poesía porque recoge retazos de sentimientos del ser humano, de pasiones, de experiencias.  Los ojos que no hayan recorrido su mirada por cada letra harán de polvo la poesía.

La poesía es vida.

En cada parpadeo, en cada gota de lluvia que resbalaba por su piel, en cada palabra que brotaba de su boca, mostraba la transparencia de su ser.

Era paciente, reposada. Dulce y húmeda también.

Era de miel.

domingo, 22 de enero de 2012

La realidad es la mejor medicina

Con mis cinco años de rebosante vitalidad, llegaba a casa a pedirle a mi madre que me curara las heridas que me había hecho jugando. Ella cogía el bote de alcohol, un pedazo de algodón, y procedía a torturarme con aquel líquido del demonio que escocía una barbaridad. Yo le pedía que me comprase agua oxigenada pero, como siempre, ella hacñia oidos sordos a mis peticiones y me contestaba:

-Hija, lo que escuece sana.

Y con ese axioma de los primeros auxilios caseros que mis padres tenían por lema, siempre compraban alcohol en lugar de agua oxigenada.

Con el tiempo, en las clases de filosofía del colegio aprendí algo parecido. Niestzche decía que lo que no te mata te hace más fuerte y no podía tener más razón.

Las vicisitudes, las adversidades o, dicho más coloquialmente, los palos de la vida escuecen pero luego sanan. Abren heridas que tardan en cicatrizar pero lo hacen. Y esas cicatrices nos recuerdan día a día quienes somos, lo que hemos vivido, lo que hemos luchado. Son la inyección de fuerza en la batalla, de entereza en el dolor y de valentía frente al miedo. Aquellas cicatrices son la más real y tangible de las realidades.

Por eso, ahora prefiero el acohol al agua oxigenada. Prefiero el esfuerzo al engaño y la vida me sabe a palabras.