Aparentan cara de atención y buenos modales con un gesto de asentimiento en ritmos pares. Conceden tres minutos a su cortés pregunta con la ruda técnica de esquivar largas respuestas cambiando de tema. Y casi siempre vuelven a ellos. O a la risa. O a lo peregrino y baladí. Ellos solo saben caminar, pero no saben hacer el camino. Nunca han apreciado el rastro de otras huellas que no sean las que deja su propia sombra.
Escucha el que siente al otro. Con el otro. El que hacer un ejercicio de comprensión y de empatía. El que se muda de ropajes, de piel, de edad, de tiempo y hasta de silla. El que te mira a los ojos y piensa. El que te pregunta y hace que te sientas cómoda para hablar.
Y a ese que te escucha. A ese que se cambia de sitio. Al que se pone en tus zapatos aunque calces 5 tallas menos y sean de aguja tus tacones. Al que hace suyas tus palabras para hablar en tu misma lengua. A ese que te ha concedido su tiempo disfrutándolo contigo. Al que ha desterrado el eco de tus noches para reconfortarte con su voz. A ese no le pierdas nunca porque habrás perdido un pedazo tuyo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario