Era un espíritu libre. Una fábrica de sueños. Un suspiro en la madrugada.
Le encantaba leer libros. También disfrutaba viendo películas pero solo se desnudaba en las palabras de aquellos sus personajes.
Cada noche reposaba su cabeza contra la almohada y comenzaba la aventura.
Mientras su cuerpo descansaba arropado entre las sábanas de su hogareña cama, el viento chocaba contra el rostro efímero de su alma.
Cada noche cuando abría un libro y sus ojos comenzaban a recorrer la tinta depositada en aquellas páginas, su alma se despertaba para viajar a paraísos desconocidos. Para vivir en los corazones de aquellos personajes ficticios que tanto la cautivaban.
Era una premoción. Una alegoría. Era un juego de inocentes que desataba su lujuria.
Pero llegaba un momento en que la función debía finalizar y justo cuando se incorporaba para apagar la luz de su lamparita de medianoche, su alma regrasaba con ella. Volvía a animar su cuerpo pero todo era distinto como cada noche de lectura y confesiones al oído. Ahora su cuerpo estaba caliente, respiraba amores y tristezas, respiraba deseos e ilusiones realizadas.
Su boca había sido besada. Su piel dibujaba el rostro de aquellas manos que la habían acariciado. Y su mirada. Su mirada proyectaba los lugares que su alma había transitado.
Esas pasiones, esos pesamientos habían aflorado en la vigilia gracias a las letras, a las palabras, a los versos. Gracias a ellos, su efímera alma había poseido otros cuerpos de pluma y pergamino. Gracias a ellos, ahora su cuerpo estaba caliente, vivo de sensaciones y sentimientos nuevos. Gracias a ellos, cada noche, María aprendía a mirar otra vez el mundo.
Era una gota de agua que nunca acabó de llover.
sábado, 4 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
La poesía
Tierna, frágil, etérea,
mecía su desnudez entre las sábanas de aquella cama dormida.
Era hermosa, distinta, cálida.
Su frescura se anunciaba en la textura de su pelo
y la blancura de su cuello despertaba en la madrugada.
Era especial.
Era poesía.
La poesía se vuelve íntima, personal. La poesía que se disfruta es la que se regala. Es la que regala sentimientos a la espera de despertarlos en otro cuerpo.
La poesía es íntima, ha de leerse en la intimidad. Para emocionarse con cada palabra. Para descubrir cada detalle. Para encerrar cada imagen.
La poesía está escrita para conocerla. La poesías sin vida no existen. La poesía es poesía porque recoge retazos de sentimientos del ser humano, de pasiones, de experiencias. Los ojos que no hayan recorrido su mirada por cada letra harán de polvo la poesía.
La poesía es vida.
En cada parpadeo, en cada gota de lluvia que resbalaba por su piel, en cada palabra que brotaba de su boca, mostraba la transparencia de su ser.
Era paciente, reposada. Dulce y húmeda también.
Era de miel.
mecía su desnudez entre las sábanas de aquella cama dormida.
Era hermosa, distinta, cálida.
Su frescura se anunciaba en la textura de su pelo
y la blancura de su cuello despertaba en la madrugada.
Era especial.
Era poesía.
La poesía se vuelve íntima, personal. La poesía que se disfruta es la que se regala. Es la que regala sentimientos a la espera de despertarlos en otro cuerpo.
La poesía es íntima, ha de leerse en la intimidad. Para emocionarse con cada palabra. Para descubrir cada detalle. Para encerrar cada imagen.
La poesía está escrita para conocerla. La poesías sin vida no existen. La poesía es poesía porque recoge retazos de sentimientos del ser humano, de pasiones, de experiencias. Los ojos que no hayan recorrido su mirada por cada letra harán de polvo la poesía.
La poesía es vida.
En cada parpadeo, en cada gota de lluvia que resbalaba por su piel, en cada palabra que brotaba de su boca, mostraba la transparencia de su ser.
Era paciente, reposada. Dulce y húmeda también.
Era de miel.
domingo, 22 de enero de 2012
La realidad es la mejor medicina
Con mis cinco años de rebosante vitalidad, llegaba a casa a pedirle a mi madre que me curara las heridas que me había hecho jugando. Ella cogía el bote de alcohol, un pedazo de algodón, y procedía a torturarme con aquel líquido del demonio que escocía una barbaridad. Yo le pedía que me comprase agua oxigenada pero, como siempre, ella hacñia oidos sordos a mis peticiones y me contestaba:
-Hija, lo que escuece sana.
Y con ese axioma de los primeros auxilios caseros que mis padres tenían por lema, siempre compraban alcohol en lugar de agua oxigenada.
Con el tiempo, en las clases de filosofía del colegio aprendí algo parecido. Niestzche decía que lo que no te mata te hace más fuerte y no podía tener más razón.
Las vicisitudes, las adversidades o, dicho más coloquialmente, los palos de la vida escuecen pero luego sanan. Abren heridas que tardan en cicatrizar pero lo hacen. Y esas cicatrices nos recuerdan día a día quienes somos, lo que hemos vivido, lo que hemos luchado. Son la inyección de fuerza en la batalla, de entereza en el dolor y de valentía frente al miedo. Aquellas cicatrices son la más real y tangible de las realidades.
Por eso, ahora prefiero el acohol al agua oxigenada. Prefiero el esfuerzo al engaño y la vida me sabe a palabras.
-Hija, lo que escuece sana.
Y con ese axioma de los primeros auxilios caseros que mis padres tenían por lema, siempre compraban alcohol en lugar de agua oxigenada.
Con el tiempo, en las clases de filosofía del colegio aprendí algo parecido. Niestzche decía que lo que no te mata te hace más fuerte y no podía tener más razón.
Las vicisitudes, las adversidades o, dicho más coloquialmente, los palos de la vida escuecen pero luego sanan. Abren heridas que tardan en cicatrizar pero lo hacen. Y esas cicatrices nos recuerdan día a día quienes somos, lo que hemos vivido, lo que hemos luchado. Son la inyección de fuerza en la batalla, de entereza en el dolor y de valentía frente al miedo. Aquellas cicatrices son la más real y tangible de las realidades.
Por eso, ahora prefiero el acohol al agua oxigenada. Prefiero el esfuerzo al engaño y la vida me sabe a palabras.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Navidad, Navidad, dulce falsedad =)
24 de diciembre. Trufas de chocolate y un salmón en la nevera. Nada que hacer. En realidad miles de cosas pero lo único que le gustaba de la Navidad era que estaba de vacaciones.
Villancicos, árboles de Navidad, regalos, decorar el Belén junto a su abuela. Todo eso había quedado atrás. Ya no se entristecía al pensar que no tendría Navidades como las de otros niños. Cenas de risas, canciones y brindis por la alegría. Ya no era una niña. Era la promesa de una mujer. En aquel de diciembre de 2011 ya no lloraba por no tener las Navidades que aparecían en las películas. Se dio cuenta de que las Navidades no tenían porque ser un sinónimo de felicidad. Se dio cuenta de que podía tener otro montón de cenas felices. Con cualquier pizza una noche con amigos. Cualquier momento de chicas con su madre. Cualquier escapada cultural con su padre.
¿Por qué el día de Navidad y no otro día cualquiera? ¿Por qué decir Feliz Navidad y no feliz 23 de diciembre? Era como las religiones, como el fútbol, las navidades no eran otra cosa más. Otro invento del hombre, otra excusa para poder tener un día feliz. ¿Por qué necesitamos tantas excusas para unirnos a celebrar algo con nuestros seres queridos? ¿Por qué necesitamos inventarnos algo para volvernos más simpáticos y sociables un día al año? Sin embargo, después de todo, lo necesitamos.
En verdad, la Navidad es una fiesta cristiana. Se celebra el nacimiento de Cristo. Es curioso la gran cantidad de gente atea que se agrupa en los mercados cuando el solomillo, el marisco y la merluza están al doble de precio para celebrar una fiesta cristina. Paradojas de la vida.
domingo, 18 de diciembre de 2011
El guardián entre el centeno
Decía Platón: "lo poco que sé, se lo debo a mi ignorancia"
Anoché al acabar el libro de "el guardían entre el centeno" y subrayé todo un párrafo porque estaba lleno de verdades.
"Una vez que dejes atrás todos los señores Vinson, comenzarás a acercarte, si eso es lo que quieres, y lo que ansías, y lo que esperas, a un tipo de conocimiento muy querido por tu corazón. Entre otras cosas, verás que no eres el primero a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te estimulará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú ahora. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si tienes algo que ofrecer. Se trata de un hermoso acuerdo de reciprocidad. No se trata de educación. Es historia, Es poesía. [...] Con esto no quiero decir-dijo- que sólo los hombres cultos, los estudiosos, puedan hacer una aportación valiosa al mundo. No es así. Lo que sí afirmo es que si esos hombres cultos, esos estudiosos, son además brillantes y creativos, lo que desgraciadamente se da en muy pocos casos, dejan tras de sí un testimonio mucho más valioso que los que son solamente brillantes y creativos. Tienden a expresarse con mayor claridad y , generalemente, a llevar con pasión su pensamiento hasta las últimas consecuencias. Y, lo que es más importante, nueve de cada diez veces son más humildes que el hombre no cultivado.
Anoché al acabar el libro de "el guardían entre el centeno" y subrayé todo un párrafo porque estaba lleno de verdades.
"Una vez que dejes atrás todos los señores Vinson, comenzarás a acercarte, si eso es lo que quieres, y lo que ansías, y lo que esperas, a un tipo de conocimiento muy querido por tu corazón. Entre otras cosas, verás que no eres el primero a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te estimulará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú ahora. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si tienes algo que ofrecer. Se trata de un hermoso acuerdo de reciprocidad. No se trata de educación. Es historia, Es poesía. [...] Con esto no quiero decir-dijo- que sólo los hombres cultos, los estudiosos, puedan hacer una aportación valiosa al mundo. No es así. Lo que sí afirmo es que si esos hombres cultos, esos estudiosos, son además brillantes y creativos, lo que desgraciadamente se da en muy pocos casos, dejan tras de sí un testimonio mucho más valioso que los que son solamente brillantes y creativos. Tienden a expresarse con mayor claridad y , generalemente, a llevar con pasión su pensamiento hasta las últimas consecuencias. Y, lo que es más importante, nueve de cada diez veces son más humildes que el hombre no cultivado.
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