Llueve en el canal.
La tierra empieza a ser fértil en aquella noche desierta, desértica.
La pena ha enmudecido ante la sombra de una vela.
El café ha dejado de ser una rutina para convertirse en una sobremesa.
Se han abierto los poros desterrando el sopor de las caretas.
Todo penetra.
Todo lo inunda la ciudad y la hermosura.
Hasta las paredes antiguas sonríen a la lluvia aún sabiendo que ya se asoman las primeras grietas del otoño.
Todo lo inunda la ciudad y la hermosura. Todo penetra.
Nuestras mentes confinadas al pasado padecen alzheimer.
Nuestros cuerpos se excitan con la amnesia teniendo orgasmos en presente.
La hoquedad del delirio enmudece antes los instintos de tu cuerpo erigido. Erecto.
La vela se ha derretido de tanto gemir el placer en las ocultas hoquedades de aquella noche mojada.
La sangre, el sudor y las lágrimas se mezclan en un mismo sonido, en un profundo alarido.
El agua y el aceite empiezan a congeniar.
Hasta el estiércol tiene un olor agradable. Huele la tierra mojada, limpia y renovada.
Llueve en el canal.
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